


ISBN : 978-84-9763-527-1
Formato : 16x23,5 cm
Encuadernación : Rústica con solapa
Páginas : 400
Fecha de Salida : Septiembre 2008
P.V.P.R. : 18,95 €





Empieza el buen tiempo. Ha pasado el frío, ya no llueve y el sol da ese calorcito tan rico, ese que todavía no abrasa y que siempre se agradece. Ahora es cuando apetece salir a la calle, darse una vuelta, tomar algo en alguna terraza, pero sobretodo tumbarse/sentarse en cualquier sitio donde dé el sol.
Por como están las cosas, eso de la terracita, de una buena comida y un buen vino o unas cervezas, va a tener que esperar.
Pero, ¿por esto se acaba el mundo? NO. Si estás leyendo este blog es porque te gusta leer, y si te gusta leer, ya tienes la solución. Cógete un buen libro, piensa en algún lugar agradable y tírate a leer sin pensar en nada más.
Aquí tienes unas recomendaciones que disfrutes al sol:
Xibalbá de Stanley Struble.

- ¿O prefieres, a lo mejor, algo de novela histórica?
El Veneno del Eunuco de Juan Kresdez.

- ¿Eres de los que prefieren una visión diferente de los hechos, no lo que siempre nos han contado?
Las Claves de Ángeles y Demonios de Phillippe Darwin.

- Un poco de historia nunca está de más.
Jesús de Nazaret de Francisco José Gómez.

- Podrías tener algo de tiempo y te apetecería encontrar un chico con el que disfrutar de ese tiempo.
Cómo encontrar a tu príncipe azul de Lisa Hermanis.

- O un ensayo, quizás, para enterarte de algo más de lo que dicen las noticias.
El reloj del Fin del Mundo de Alfonso Ferrer.



La muerte de este gran guerrero no tuvo nada que ver con su vida. Murió de una pulmonía que contraída al caer de su caballo, borracho, y dormir toda la noche en un charco. Dos días después de este accidente, el 17 de febrero d
e 1909, se dio el último estertor de la resistencia india. Los indios serían encerrados en reservas, sin derechos, perdiendo toda su identidad, y sin ninguna posibilidad de protestar. El único derecho que se les ha dado, y esto ha ocurrido hace pocos años, es el de construir casinos en sus reservas, una forma de obtener ingresos. Y han podido cambiar algunos monumentos, como el conmemorativo de la batalla de Little Big Horne (donde un loco llamado Custer fue masacrado junto con todo el VII de Caballería) que ahora ha pasado a conmemorar la última gran victoria india frente al opresor blanco.

Ya que a los conquistadores les interesaba más el territorio que los habitantes pocosabemos realmente de estas culturas de nativos americanos, de sus vidas y costumbres de sus ritos y tradiciones. De una raza de guerreros y de luchadores, no sólo en la guerra sino, sobre todo, en la vida. Sí sabemos, por ejemplo, la forma en que un niño o niña se convertía en adulto. Alrededor de los 14 años pasaban por los ritos de iniciación. Los chicos se convertían en "el que va a capturar un caballo". Pasados los ritos de purificación, abandonaban el poblado antes de que el sol calentara la pradera. Las manadas estaban lejos, caminaban días sin parar y sólo bebían agua en el río. Cuando divisaban la manada se acercaban, entonces los caballos echaban a correr en estampida. Tras varios intentos algún caballo acaba por apartarse de la manada, y ya solitario, seguía huyendo algún tiempo, pero la resistencia del caballo sin comer ni dormir es menor que la del ser humano. Al tercer día, hambriento el caballo, el indio conseguía que comiera de su mano, se dejara acariciar, y saltar varias veces por encima de su lomo, de un lado a otro, sin montarlo. Así conseguía que el caballo lo aceptara como jinete.
Para las chicas era una ceremonia entrañable que duraba toda una noche de danzas (la danza de los espíritus de la montaña). La última conocida fue la ceremonia para la nieta de Gerónimo, donde los indios se las arreglaron para hacer el ritual a escondidas de curiosos y periodistas, por lo que sólo conocemos las formas, los vestidos, pero no la esencia.
Todo esto se ha perdido. Una cultura que no medía su evolución por su tecnología sino por los lazos con la madre Tierra, a la que veneraba y respetaba, tomando prestado de ella todo lo que necesitaba.
BREVE HISTORIA DE LOS INDIOS NORTEAMERICANOS

Nos encontramos con el escritor y periodista Alfonso Ferrer para hablar sobre su libro “El reloj del Fin del Mundo”, un libro sobre las probabilidades que posee el ser humano de extinguirse, y la posibilidad de un cercano apocalipsis, que es una hipótesis que los científicos están considerando cada vez más.
Pregunta - ¿Por qué está tan presente en el hombre el pensamiento apocalíptico?
Respuesta - Realmente, las ideas sobre el fin del mundo son muy antiguas y comunes en múltiples culturas del planeta, algunas de ellas sin haber tenido contacto con otras civilizaciones contemporáneas. De tal manera que podemos afirmar que estas creencias, sin llegar a ser universales, sí son bastante corrientes a lo largo y ancho del planeta y desde el principio de los tiempos. Esto es lógico si pensamos que el temor al fin del mundo no deja de ser una expresión del miedo a la muerte. Es decir, el fin del mundo es tal en la medida en que te toque a ti.
P – Una forma de expresar este pensamiento es a través de las profecías de personajes como Nostradamus o Malaquías. ¿De dónde vienen estas profecías?
R - El origen de las profecías se hunde en la noche de los tiempos. En el caso de las sociedades cristianas todo empezó hace dos mil años con un texto incluido en el Nuevo Testamento: el Apocalipsis. Se trata de un libro muy evocador y con una gran carga imaginaria bíblica. En él se habla del origen del mundo y, por supuesto, de su final. Según el historiador francés Jean Delumeau, esta obra establece una fuerte concepción lineal del tiempo. Así, es normal que en las sociedades occidentales tendamos a pensar que, en cierto modo, todos estamos condenados desde el principio de los tiempos. En este caldo de cultivo es normal que afloren en cada esquina multitud de profecías catastróficas, incluso en la actualidad, que no hacen más que reafirmar lo que un día escribió alguien llamado Juan, seguidor de las ideas de Jesús, que estuvo recluido en una prisión de una isla griega hacia finales del siglo I de nuestra era. Posiblemente el tal Juan, el autor del Apocalipsis, fuera totalmente malinterpretado.
P – Es decir, que a partir de ese miedo a la muerte inventamos formas para poder “contabilizar” el tiempo que nos queda. Pero ¿Cómo surge el Reloj fin del mundo?
R - El Reloj del Fin del Mundo, como es conocido a nivel mediático, surge al amparo del terror nuclear; más concretamente, después de los horrores de Hiroshima, en 1945. Meses después del desastre, algunos científicos conscientes del horror desatado, y temiendo hacia dónde podría derivar aquel trágico acontecimiento, decidieron organizarse y alertar a los países del mundo sobre los riesgos de las armas atómicas.
Así, en 1947 publican un boletín de tirada mensual con información sobre la cuestión nuclear. Cobran especial relevancia aspectos como el control de este tipo de armas y el acceso de otras naciones a esta tecnología.
Para comunicar con el mayor acierto posible las conclusiones de este panel de científicos se optó, también en 1947, por reflejar la inminencia de un posible conflicto nuclear mediante un reloj metafórico, cuyas manecillas están siempre al filo de la medianoche. En 1947, se situaba a 7 minutos de las 12. En 1949, se situó a 3 debido a la detonación de los rusos de su primera bomba atómica.
El Reloj del Fin del Mundo, hilo conductor del libro, es la alegoría perfecta para reflejar el momento en el que se halla la humanidad en la actualidad respecto a cuestiones armamentísticas, aunque también de índole medioambiental, tecnológico…
P – Nos has estado hablando de profetas, pero para intenetar ser un poco más pragmáticos ¿qué opinan los científicos del fin del mundo?
R - En general, los científicos evitan hablar del fin del mundo, exceptuando a los del Reloj del Fin del Mundo, claro. La comunidad científica simplemente alerta sobre determinadas circunstancias que pueden ser catastróficas. Si le preguntas a un astrofísico te dirá que tarde o temprano un gran asteroide llegará a
Los periodistas podemos recopilar esas informaciones, siempre con rigor, y dar una idea de conjunto. Yo en mi libro he hecho mis apuestas.
P – Se habla en tu libro de que el Hombre está predestinado a desaparecer, a nivel genético ¿Realmente lo está?
R - Se trata de una teoría muy interesante, aunque no exenta de polémica, propuesta por el doctor Reinhard Stindl, de
Los cromosomas contienen toda la información genética de nuestro cuerpo. Por tanto, esta información es altamente sensible. La naturaleza, que es muy sabia, ha protegido por tanto a los cromosomas, a su contenido genético más concretamente, con unas estructuras en sus extremos denominadas telómeros. Para hacernos una idea, yo en mi libro digo que imaginemos los cordones de unos zapatos. El propio cordón contendría a los genes, mientras que los telómeros serían esa parte dura del final.
Los telómeros se van gastando a lo largo de la vida de una persona y ello va provocando ciertas pérdidas genéticas que, a la postre, derivan en determinadas enfermedades asociadas a la vejez, por ejemplo, el alzheimer.
El doctor Stindl propone que esta merma genética al final se traslada de una generación a otra, provocando individuos cada vez menos saludables. Enfermedades como el cáncer y otras relacionadas con el envejecimiento serían cada vez más frecuentes, debilitando a la especie.
Se trata de una teoría muy determinista que establece que el Hombre algún día desaparecerá porque hay una suerte de reloj biológico que así lo establece.
P - El Hombre está destinado, tanto por fuerzas exteriores como por fuerzas genéticas, a desparecer, y entonces ¿Cuál crees qué es la amenaza más creíble?
R - Sin duda, la del impacto de un asteroide. A lo largo de la investigación para este libro me ha sorprendido comprobar como se trata de algo que no es puesto en duda por ningún científico. Se trata de algo que ya ocurrió en el pasado y que acabó con una especie tan poderosa como la de los dinosaurios.
Un astrofísico me comentaba que un impacto como aquel tiene lugar en
P - ¿Y cuál sería, por otro lado, el peligro más increíble?
R - Más que increíble, yo diría que inesperado. Se trata de una posible rebelión de robots. Esto que parece propio de una película de ciencia ficción de serie B esta fundamentado en algunos interesantes ensayos científicos. Autores de la talla de Martin Rees considera que, al ritmo al que avanza la tecnología, será inevitable que, quizás en unas décadas, en nuestros ordenadores salte la chispa de la conciencia. Ese día podrás mantener una conversación con tu máquina y ellas mismas podrán tomar sus propias decisiones. El problema llegará cuando empiezan a autorepararse y a reproducirse. Lo harán cada vez más rápido hasta que llegue un momento en que competirán por los recursos con el hombre. Es mera cuestión de tiempo. De hecho, si te fijas, ya ha comenzado una especie de rebelión en la sombra.
20 de noviembre de 2009. Washington. Jura el cargo el nuevo Presidente de los Estados Unidos de América. Durante el juramento Obama comete un fallo. Un error sin consecuencia, al poco después volvería a hacer el juramento, y a hacerlo bien. ¿Por qué repetir algo? ¿Qué más da? Sí da. A lo largo de la historia, el cambio de una palabra o de una simple ceremonia ha dado lugar a increíbles modificaciones, a grandísimas ramificaciones.
25 de diciembre del año 800 d.C. Basílica de San Pedro Apóstol. Roma. Nos encontramos con dos personajes de gran talla frente a frente. Carlomagno, rey de los francos y el Papa León III. Al levantarse el rey de la tumba del apóstol el papa le impone la corona de emperador. Y al verlo sus súbditos lo aclamaron entre grandes vítores, era un gran gesto del Papa. Así es como nos lo cuentan los Annales Regni Francorum*.
Pero Carlomagno salió completamente ofendido del edificio. ¿Cuál eran sus motivos?
En la época de los Césares y de los emperadores romanos, a los que este rey quería asemejarse (sobre todo a Constantino el Grande ), la ceremonia establecía que el augusto era proclamado por el pueblo, su elector, y sólo después (hay que recordar esto por el poder de las imágenes) el sacerdote mayor lo ratificaba. Prevalece la jerarquía temporal.
León III cambió completamente el orden. Por lo tanto ahora sería Dios el que lo proclamaba y el pueblo, posteriormente, lo ratificaba. El poder de elegir a su rey pasaba de las manos del pueblo a las manos de Dios.
La Iglesia, con este simple hecho, se convertía en la figura dominante en el poder terrenal ya que este emanaba del papal. Prevalece la jerarquía espiritual. Durante la Edad Media llegaría a excomulgarse a reyes, a quitarles el respaldo divino. Nadie osaba oponerse a los designios del Papa. Habrá que esperar a Carlos I de España y V de Alemania, para ver una desobediencia clara al Sumo Pontífice (6 de mayo de 1527).
Por lo tanto, la imagen que nos evocan los Anales es obviamente una tergiversación de la realidad para quitarle importancia a este crucial asunto.
Al estar agachado el Papa se adelanta y le corona y el pueblo, sin ver bien lo que pasa, sigue con su papel, gritar vítores al rey.
Un simple cambio en el rito cambió por completo el curso de la historia. El por qué de tanta suspicacia.
*El fragmento donde se relata este suceso lo podemos encontrar, junto a una interesante biografía de este personaje,en Breve Historia de Carlomagno,de la Editorial Nowtilus. Un libro importante en el desolado paraje sobre la investigación de Carlomagno.
Para ver el libro:
http://www.brevehistoria.com/?isbn=9788497635493
Para ver la colección: www.brevehistoria.com
Para ver la página de la editorial: www.nowtilus.com